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La inclusión de la sociedad civil en el pensamiento económico moderno.
by
Hugo Daniel Ferullo
Centro de Estudios del Tercer Sector (Asociación Tucumana de Intercambio Cultural Argentino-norteamericano -ATICANA-) y Universidad de Tucumán.
La obra fundacional de Adam Smith preanuncia la tensión que existe hoy en las sociedades modernas entre lo que se considera el saber económico científico, por un lado, y los conceptos de solidaridad y sociedad civil, por el otro. Las virtudes cívicas que requiere la vida humana en las sociedades modernas fueron estudiadas por Smith en su obra referida a la teoría de los sentimientos morales, mientras que su obra económica, centrada en la riqueza de las naciones, parece reducir el móvil de la conducta económica de los agentes a los dictados del mero interés individual, confiando en que la cooperación social surgirá como fruto de las consecuencias no intencionadas de los intercambios voluntarios en mercados competitivos. Lo que postulamos en este trabajo es que esta tensión recorre toda la historia del pensamiento económico moderno, desde su nacimiento en la segunda mitad del siglo XVIII hasta nuestros días, y la inclusión explícita de la solidaridad y la sociedad civil en el análisis económico aparece como un elemento clave para intentar una síntesis superadora de esta tensión.
A los fines de nuestra exposición, distinguiremos tres etapas del pensamiento económico moderno. En la primera, el acento puesto en el intercambio condujo a centrar el análisis en el funcionamiento adecuado de los mercados. Sobre esta base se construyó, a lo largo de más de un siglo, el modelo económico que puede considerarse canónico, donde el sujeto de la economía es el hombre individualmente considerado, aislado de todo “estorbo” social que limite su campo de decisión autónoma. De esta forma, el homo economicus, dotado de una racionalidad de tipo instrumental y movido por su propio interés, se erige en la base misma sobre la que se asienta todo el edificio teórico de la economía moderna, cuyo única finalidad reconocida es la eficiencia productiva.
La gigantesca crisis de mercado de 1930 puso en serios aprietos a esta interpretación simplista de la realidad socioeconómica, donde el Estado sólo tiene como rol fundamental la definición clara y la defensa firme de los derechos de propiedad. Con el llamado “compromiso keynesiano” se inicia una segunda etapa del pensamiento económico moderno, que se traduce en la instauración, en las sociedades económicamente más avanzadas, de una verdadera economía mixta. En esta nueva economía, el Estado asume un rol clave en el combate contra la recesión, el desempleo y la pobreza, a través de políticas redistributivas y sobre todo contra cíclicas, que requieren del consenso de los empresarios y de los trabajadores. El razonamiento económico se torna socialmente más complejo, puesto que el individuo puede ahora optimizar la satisfacción de sus deseos y preferencias no sólo a través de su participación voluntaria en los mercados, sino también a través de los instrumentos de política económica diseñada y administrada por el Estado.
En la segunda etapa, el mercado y el Estado compiten en su función básica de servir a los individuos. Pero a finales del siglo XX, los problemas económicos más acuciantes de las sociedades modernas parecen no encontrar respuesta en los modelos económicos tradicionales, nacidos durante el largo desarrollo de las dos etapas recién esbozadas. Cuando lo que se persigue es la suma de las condiciones sociales esenciales para que los individuos y grupos puedan conseguir sus propósitos o metas, o cuando lo que se busca es la definición de prioridades sociales frente a derechos individuales o sectoriales en conflicto, el pensamiento económico limitado al mercado y al Estado sólo puede ofrecer modelos insuficientes y, por lo tanto, simplistas. Este es el más grande desafío que tiene hoy la economía como saber científico, inserta en una tercera etapa que busca ampliar las bases del modelo básico definido en las etapas anteriores.
En la segunda mitad del siglo XX, muchos economistas pensaron que la tensión entre economía y sociedad podía superarse simplemente admitiendo que la economía constituye un saber de tipo axiomático, donde el tratamiento de temas complejos relacionados con la sociedad civil podía dejarse de lado sin demasiado costo para la ciencia de la economía. Pero este planteo no fue más que una ilusión. Las críticas a la globalización y las exigencias crecientes en favor de una mayor justicia en la distribución mundial de los frutos del crecimiento económico, permiten mostrar con claridad que lo que el pensamiento económico necesita hoy es incluir en su campo de análisis temáticas como la responsabilidad social, la solidaridad y las organizaciones dela sociedad civil. Este programa de investigación más amplio constituye justamente lo que hemos definido como la tercera etapa del pensamiento económico, actualmente en plena construcción como lo muestra el trabajo de varios de los más recientes premios Nobel de la economía (J.Stiglitz. G. Akerlof, A. Sen y D. Kahneman).
Lo que presentamos en este trabajo es una recorrida sintética de estas tres etapas del pensamiento económico, teniendo como referencia social concreta la historia económica de la Argentina del siglo XX y subrayando la participación necesaria de conceptos como solidaridad, sociedad civil y tercer sector en la construcción de una nueva economía.
Date received: September 30, 2003
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